NUESTRA PROPUESTA FORMATIVA

El método de la formación es consecuencia de nuestro enfoque con énfasis en el saber ser. El ser lo comprendemos como la bisagra de un sistema de cuatro componentes.

Por un lado, nos encontramos con los aspectos doctrinarios-ideológicos que componen la racionalidad científica y nuestra manera de interpretar la realidad. Es posible establecer una analogía con las bisagras de las puertas y en esta metáfora, es el panel central (que es el que hace de juego en la bisagra), aquel que engarza lo fijo y lo móvil de la bisagra. El saber ser es esta bisagra y en ambos laterales el saber saber y el saber hacer.

En el saber hacer: acopiamos, acumulamos, juntamos, desplegamos las técnicas, los recursos para la acción. En el saber saber: pensamos, nos informamos, aprendamos las verdades racionales de la doctrina, de la ideología, del proyecto histórico-político. Se trata de la reflexión en torno a las ideas y conceptos.

El centro no es arbitrario, es el lugar en que hemos puesto el Ser. Cuando apuntamos al Ser, pretendemos desarrollar la subjetividad del ser humano y de la organización. Se trata de construir la ecología social y humana a partir de las personas, del desarrollo humano, y para nosotros este es el rumbo de la imagen de la cabina del piloto del avión .

 
 
La metáfora del avión se relaciona con la experiencia concreta desde donde comenzamos Luis del Yerro y Enrique Sosa a construir este modelo y fue en Brasilia, la ciudad que tiene la forma de un avión donde al servicio de la Escuela de Formación de la Confederación de Profesiones Liberales de Brasil (CNPL) sistematizamos la propuesta pedagógica.
 
 
 
 

Un cuarto eje pedagógico o andragógico, porque en rigor de verdad nosotros compartimos el proceso educativo con adultos, nos remite al saber convivir o el saber compartir y es el eje de la solidaridad, para construir una comunidad de vida y de trabajo con aquellos que participan en el proceso educativo y lo sintetizamos en el lema Animar conviviendo y convivir animando. Para ello, se requiere saber compartir, aprender a ser solidario, porque la sociedad en la que crecemos está marcada por los valores del éxito individualista o del “homo economicus”

Estamos reflexionando a partir, no del nombre aislado, sino en el marco de los grupos que integra como ser social. Por lo tanto, nos concentramos en el adentro de los equipos que conforma para realizar tareas. Por ello, nuestro enfoque sistémico parte de la persona, del grupo de pertenencia y del equipo donde la persona humana se desarrolla para servir mejor a la organización. Organización que es una parte de un todo mayor, como la comunidad, la sociedad, la Nación. Aprender a compartir es desarrollar entonces, la capacidad de crear redes, de generar sinergia social para construir poder social y cambiar la realidad.

Esto requiere promover la creatividad. Debemos sugerir herramientas tales como: trabajar la confianza entre las personas, auspiciar la espontaneidad, suspender la crítica prejuiciosa, y todo esto con miras a propiciar y sostener la cultura del encuentro como eje de toda tarea de formación. El diccionario de la Real Academia Española se refiere al encuentro como aquel tejido o entramado que sostiene algo. Todo encuentro presupone como eje, el diálogo que busca la verdad.

Uno de los canales de acceso a lo auténtico son las emociones, porque reflejan lo que es en una persona. Estos componentes emocionales son componentes nucleares del ser, de esa bisagra, de ese piloto de avión, que se abre a dos cosas: a los espacios de la interacción en el plano interpersonal, dándoles su punto de apoyo, un piso compartido. Lo verdadero posible y compartido está en el plano de la interacción personal, un punto de apoyo partiendo del compartir de las emociones. El otro componente nuclear del ser es el camino de movilización de las actitudes, la motivación y la mística, buscando el camino de la movilización de actitudes. El sujeto de aprendizaje somos nosotros mismos. ¿Cómo trabajar la creatividad? Uno de los de los accesos a la creatividad es por el arte y especialmente a través de la música, del canto, ya que “lo que un pueblo canta es lo que un pueblo cree” como afirma el antiguo proverbio latino.

El trabajo en común y la construcción del “nosotros”

Ponemos en énfasis en la necesidad de la construcción compartida para llegar a la común unidad. Entonces el trabajo en común y la construcción del nosotros, de la comunidad, no es un supuesto, no es logro a partir del deber ser. En cambio, esta construcción, sí es un proceso. José Hernández en su libro “Martín Fierro”, conocido por los argentinos como “La Biblia gaucha” nos dice que “mejor que aprender mucho es aprender cosas buenas” y pasamos a partir de esta concepción al plano cualitativo.

Otra reflexión nos dice “todo en su medida y armoniosamente”, es decir, dar tiempo a los procesos, respetar el tiempo del otro, ya que todo tiene sus tiempos. Este es un parámetro esencial en la formación, porque que se trata de respetar el ritmo del otro, sin renunciar al propio, a fin de propiciar el encuentro.

Lo mismo podemos decir en cuanto a la motivación que pertenece al espacio de lo intrapersonal: nadie motiva a nadie, sólo le puedo ofrecer un estimulo. Pero la motivación es un proceso interno en términos de objetivos para el espacio social, aquí podemos aplicar el apotegma de “que todos sean artífices del destino común y ninguno instrumento de la ambición de nadie”.

La autoformación deseada deviene entonces de instalarse en el espacio intrapersonal de la motivación, presupone un encuentro con el otro, para que el otro se exprese y yo ahí descubra sus motivaciones. La formación como situación de encuentro ofrecerá el escenario y el tiempo para que los participantes reciban la propuesta que conforma el estimulo. Tal como lo afirmaba Carl Rogers: “cuando se ofrece espacio y tiempo para que lo humano aparezca; lo humano siempre aparece” y esto, por supuesto, no implica una conceptualización teórica sino un punto que expresa convicción, creencias y confianza.

El modelo sistémico nos ofrece un excelente marco para reflexionar acerca de la presencia de estos componentes circunstanciales introducidos en la problemática de la formación. Uno de los componentes del sistema de formación es lo que nosotros llamamos “los mecanismos operacionales”: los eventos (seminarios, coloquios, cursos etc.), la formación abierta (eventos de fin de semana, vespertinos o nocturnos.), la autoformación y lo Programas de organización y formación de cuadros, entre otras y prácticas.

Hoy debemos incorporar la formación a distancia como metodología de apoyo a la autoformación a fin de hacer de ésta y de la acción el eje central.

Una teoría organizacional afirma que el punto verdadero del cambio es aquel que marca el momento en que un proceso está muriendo; la estrategia consiste en ser capaces de anticiparse y apoyar el nuevo proceso que empieza a nacer. Esta combinación ha sido bien potente en las organizaciones porque da formas a equipos mixtos, no sólo por lo multidisciplinario a nivel de funciones y roles, sino porque con estas competencias forma equipos que van a trabajar combinado. Un equipo trabajará en el desarrollo de la visión, para que la organización no muera y el proceso de cambio se auto genere cuando se está desintegrando y hay otro equipo buscando una mejor integración conformado por los estratégicos. Por eso, que el centro sea el ser, el humano, refiere a que él es el protagonista de todo el proceso histórico.

Podemos presentar esta cuestión como una espiral que sale y se devuelve, a partir del ser humano. La necesidad de contactarse es una de las primeras necesidades del ser humano que no se agrupa en organizaciones por gusto. La afiliación es algo instintivo, eso que es importante para la persona. La palabra contacto nos lleva a un sentido muy importante como es el rescate del uso de los sentidos, ver, oír, tocar, oler, degustar. Los mapas y los paradigmas han bloqueado el sentido, dejamos de ser lectores del proceso cuando no usamos los sentidos. De contactar al saber, ya que es indispensable acumular conocimientos pero no puede ser lo único, porque el objetivo es formar para la acción.

Es un enfoque, donde todo este sistema pueda cambiar, siguiendo una secuencia de objetivos que tengan un sentido. Este enfoque ni es cronológico ni es secuencial. La espiral nos da la idea de desarrollo y los objetivos nos parecen primordiales en este desarrollo. Dar – recibir - servir, porque queremos un poder social para servir a nuestras comunidades.