El autor pone en escena la experiencia histórica que encarnó Juan Pablo II (Obispo Polaco), cuando su palabra fortaleció la lucha del sindicato "Solidaridad" que puso en jaque al socialismo real en Polonia. Ahora, la "Encíclica Magnifica Humanidad" de León XIV pone en el centro de la escena la centralidad de la "persona humana", para enfrentar los discursos de odio e individualismo que reinan en todo el mundo. El sindicato es el centro de la justicia social.
Por Adrián Gustavo Choren1
La inminente llegada del papa León XIV a la Argentina en noviembre abre un debate inédito en el mundo laboral, interpelando directamente a sindicatos, movimientos sociales y cámaras empresariales. En un país donde las PYMES motorizan el empleo privado, las estructuras productivas se enfrentan a un tsunami tecnológico que amenaza con transformar de raíz los puestos de trabajo.
Frente a esto, el discurso oficial de corte anarco-capitalista promueve una supuesta «modernización laboral» basada en la desregulación absoluta y en una ficticia igualdad entre pares. Nos quieren hacer creer que el trabajador atomizado o la empresa familiar pueden negociar en paridad frente a corporaciones globales. Esa igualdad no existe; es una asimetría feroz. Romper lo colectivo no libera al individuo: lo deja en el desamparo ante la tiranía del mercado. Si el individualismo salvaje progresa, regresamos a la barbarie de la selva, donde la falta de lazos protectores nos deja a merced del más fuerte. Contra esa intemperie se yergue el bienestar social institucional como la única red capaz de asegurar un desarrollo equitativo.
LAS INSTITUCIONES COMO ESCUDO FRENTE A LOS MONOPOLIOS TRANSNACIONALES
Ya en 1891, la encíclica Rerum Novarum de León XIII planteaba, ante las injusticias de la Revolución Industrial, la necesidad de organizaciones intermedias para fomentar el diálogo. Actualmente, en el mismo sentido se expresaron los Premios Nobel de Economía 2024 (Acemoglu, Johnson y Robinson) al demostrar en su obra "Por qué fracasan los países" que el verdadero progreso de las naciones no nace de la desregulación ciega, sino de la solidez institucional.
Sin cámaras que agrupen a las PYMES ni sindicatos que organicen a los trabajadores, la producción queda pulverizada ante los monopolios internacionales. Las organizaciones de base son el tejido social que evita que el mercado o el Estado absorban la dignidad humana. En los últimos años, la realidad nos muestra más de 30.000 PYMES menos debido a la falta de políticas que valoren el trabajo como fuente de crecimiento y desarrollo. A esto se suma el severo ajuste en los organismos científico-tecnológicos públicos que brindan asistencia clave a esas unidades productivas.
EL ESPEJO DE SOLIDARIDAD ANTE LA ENCRUCIJADA DE LA IA
Para la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo constituye el pilar central del desarrollo integral y posee un valor sagrado porque permite al ser humano desplegar su potencial en comunidad. Por eso, el dilema actual nos obliga a elegir un proceso sostenible. Frente a los proyectos de falsa vanguardia que proponen empresas con Inteligencia Artificial, pero sin trabajadores, debemos alzar el paradigma de firmas que utilicen la IA como herramienta de progreso humano. Cabe señalar que las PYMES generan más del 70% del empleo privado nacional. Esta encrucijada tecnológica replica la histórica tensión entre los intentos de deshumanización verticalista y la resistencia que nace desde las bases.
El paralelismo histórico es claro: lo que venció al totalitarismo en Polonia no fue la toma de un espacio de poder inmediato, sino la maduración de un tejido colectivo indestructible a largo plazo: el sindicato Solidaridad. Aquel bastión obrero conducido por Lech Wałęsa demostró que la dignidad laboral no puede ser absorbida por el engranaje de un sistema frío. Así como la visita de Juan Pablo II fortaleció a ese movimiento, hoy la llegada de León XIV puede traer un aire fresco indispensable frente a un individualismo que destruye los lazos esenciales y reduce el trabajo a una mercancía.
ALTA POLÍTICA Y DIÁLOGO FRENTE A LA GRIETA ARTIFICIAL
El conflicto en el mundo del trabajo digitalizado es evidente, pero la tarea es asumir las tensiones para transformarlas en unidad, no profundizar la polarización. Por eso resulta absurdo el corset de algunos sectores que pretenden «no politizar la llegada del papa». Neutralizar la voz de León XIV es negar su dimensión de pastor social y vaciar la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia. Es, en definitiva, cortar en pedazos a la encíclica Magnífica Humanitas, un documento de custodia clave frente al avance del desplazamiento laboral por Inteligencia Artificial y el planteamiento de marcos éticos.
Al contrario, es precisamente desde la alta política (y no digo partidismos) donde se construyen las bases para una paz duradera, entendiendo esto como el diseño estratégico de políticas públicas basadas en el diálogo social y multisectorial. No hay paz sin justicia social. Solo la comunidad salva la grieta de compartir el pan entre todos.
En 1979, Polonia vivía una asimetría feroz entre una sociedad mayoritariamente católica y un Estado totalitario que intentaba imponer la atomización social. Juan Pablo II no fue a desatar una revolución violentista, sino a visibilizar la verdad fáctica de un pueblo unido en la fe. Hoy en la Argentina, donde también se empuja al pueblo a discutir la validez de la justicia social y a fracturarse en torno a ella, la visita papal nos recuerda que la reconciliación y el tejido común están siempre por encima de cualquier división artificial planteada desde los estrados de las "nuevas derechas".
UN OÍDO EN EL PUEBLO Y OTRO EN EL CIELO
El verdadero desafío sigue siendo apostar al diálogo comunitario, una conversión donde el todo proteja a cada una de sus partes sin disolverlas. Caminando firmes, «con un oído en el pueblo y el otro en el cielo» —como enseñaba el beato obispo Enrique Angelelli—, este presente nos convoca a un justo reconocimiento de su martirio, evocado en la encíclica, recordándonos que el destino de la producción, la soberanía, el trabajo y la técnica solo se salva si el tejido social permanece unido.
Así como Polonia cambió desde la fe y el movimiento obrero organizado, la Argentina puede transitar el mismo camino. Solo depende de nosotros...
1 Magíster en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales Internacionales. Integrante de la Junta Interna de ATE-INTI.
